La representación de los órganos sexuales masculinos simboliza la fuerza germinativa de la naturaleza, una fuerza mágica, la fuerza vital generadora que puede representar incluso el Genius de un difunto, lo que le sobrevive después de la muerte, la continuidad de su individualidad

El falo es muy fácil de dibujar, esculpir o modelar, de individualizar y de entender, incluso reducido a la máxima simplicidad. Dibujada y descontextualizada, una vulva no es comprensible. El sexo femenino es difícil de ver, incluso para su dueña, mientras que el pene es un órgano visible y muy curioso por su cambio de forma y textura, un ente que a veces parece tener voluntad propia.

Aristóteles señalaba que la esencia del falo radica en su movilidad, en la manera en que crece y decrece de volumen.

El falo no es el pene, es el significante de eso que no hay; es lo que nos viene a representar, aquello que no existe, Lacan indica la noción del falo como: “significante del deseo”. En esta época de redes, de comunicación instantánea, el falo es una llave que abre piernas para satisfacer el apetito sexual, un tercer ojo que ve el interior carnal del penetrado.

Texto: Didac Muciño


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